Clásica · Conciertos · Salas alternativas

Recital de piano en la Sala Toccata en A

Madrid, 12 de diciembre de 2016. Patrizia Prati, piano. 

Continuamos el blog con una propuesta de ocio alternativo en Madrid, la Sala “Toccata en A, en el elegante barrio de los Jerónimos, junto al Casón del Buen Retiro.  Una buena opción para los interesados en música clásica, al alcance de todos los bolsillos. Para ello hablaré del recital de piano de Patrizia Prati, que escogió un programa que podríamos calificar de comercial –todos hemos escuchado la mayoría de estas obras alguna vez– compuesto por piezas de Mozart, Debussy y Chopin.

La Sala Tocatta en A se ubica en una vivienda de un cuarto piso de la calle Felipe IV, que cuenta con un salón acondicionado para la celebración de conciertos de pequeñas formaciones, con capacidad para alrededor de 65 espectadores. La acústica, como no podía ser de otra forma en un espacio tan reducido, es muy buena, pero la visibilidad desde las filas intermedias a últimas es casi inexistente –el precio de 15 euros por entrada parece excesivo, aunque en general acudir a esta sala puede ser una opción recomendable-.

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Patrizia Prati en la sala Toccata en A

En la interpretación de Patrizia Prati todo recordaba a Patrizia Prati. Que si un rubato en este compás, acompañado de coquetas miradas `aprecia-la-gracia-de-mis-piruetas´ al público, que si ampulosos gestos teatrales que revelaban la magna epifanía vivida por la intérprete, rendida ante su propio sonido… en fin, too much paroxismo for the cuerpo. Una lástima, ya que su anhelo de exhibición desmereció la calidad de su depurada técnica y la limpieza de la ejecución, errando en el estilo con el que tocó Fantasía en re menor K 397 y Sonata en la mayor K331, de Mozart, con ausencia de compás o ritmo claros y tempo inadecuadamente lento en algunos pasajes; exceso de romanticismo, pedal, dinámicas y rubatos.

La cosa mejoró al deslizarse por los compases de L’isle joyeuse de Claude Debussy, más coherente con su estilo, pero sin abandonar la excesiva dureza en el ataque de las teclas que restaba expresividad y confería un perfil algo plano. Los Nocturnos de Chopin (en si bemol menor Op.9 n.1, en mi bemol mayor Op.9 n.2, en si mayor Op.9 n.3) fueron algo más correctos. Consiguió Prati mayor solvencia con el Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante en mi bemol mayor Op. 22, obra que exige virtuosismo, en la que pudimos entrever el alma de Chopin entre la espesa melena de Prati. Cerró la velada con un bis de Debussy, Los fuegos de artificio, y un jueguecito mozartiano de preliminar llamado Das Butterbrot (La tostada de mantequilla) en la que la mano derecha emplea un único dedo, en un glissando que recuerda a la acción de untar mantequilla, (¿por qué?).

A la salida aguardaba una pequeña alegría en forma de aperitivito regado con vino tinto que justificaba parte del precio de la entrada.

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